Desde la universidad de Harvard nos traen otro impresionante trabajo, esta vez se trata del primer robot formado enteramente por partes blandas y completamente funcional, Octobot.

El pequeño dispositivo en forma de pulpo ha llevado años de trabajo e investigación, y lejos de ser pensado como juguete se espera que pueda ser usado en intervenciones médicas o incluso en dispositivos de rescate.

El equipo de investigadores de Harvard ha sorteado el problema principal hasta el momento de los componentes rígidos imprescindibles en estos robots, como cables o baterías. Éstos han sido sustituidos por circuitos internos enteramente funcionales y blandos. El estudio ha sido publicado en la prestigiosa revista Nature bajo el título  «Una estrategia de diseño y fabricación integrada para robots suaves totalmente autónomos»:

Las claves de la fabricación de Octobot, impresión 3D y litografía blanda

Para crear este novedoso robot no sorprende que los métodos de fabricación sean también muy especiales. En el   Instituto Wyss de Harvard para la Ingeniería Inspirada en la Biología, creadores del robot, han tenido que diseñar incluso una nueva técnica de impresión 3D embebida llamada EMB3D.

Se han usado tres tipos diferentes de materiales para hacer el pequeño robot: Caucho de silicona común, un gel al que llaman «tinta fugitiva» y reservorios de combustible.

En un tiempo y después de más investigaciones, el equipo de Harvard quiere crear un nuevo diseño de Octobot que pueda arrastrarse, nadar e interactuar con su entorno para así ampliar sus capacidades y su rango de acción.

Técnica de impresión 3d embebida EMB3D para crear Octobot
Técnica de impresión 3d embebida EMB3D para fabricar Octobot

Octobot se mueve gracias a reacciones químicas

Por si no había quedado claro, Octobot se puede mover. Tanto es así que en movimiento tiene una autonomía de 10 minutos, aunque aseguran que en versiones posteriores podrá durar tanto como se desee.

El movimiento se consigue gracias a unas acumulaciones de gas que forma globos en sus tentáculos. Esto es posible gracias a la reacción química controlada por microfluidos que convierte el peróxido de hidrógeno en gas, que es el que llena las cavidades de las patas del pulpo.

 

Se espera que en poco tiempo y gracias a su publicidad, los profesionales comiencen a investigarlo y a sacarle el máximo partido posible. Porque este pequeño pulpo electrónico en buenas manos podría incluso salvar vidas.

 

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